Estudios confirman necesidad de mejorar condiciones de trabajadores que se exponen a altas temperaturas

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Costa Rica. A lo largo de la costa del Pacífico de Centroamérica, decenas de miles de muertes se han producido en las últimas décadas, debido a la enfermedad renal crónica no relacionada con causas tradicionales, como la diabetes y la hipertensión.

La Nefropatía Mesoamericana, como también se le llama a esta enfermedad mortal de proporciones epidémicas, se caracteriza por detectarse más frecuentemente en áreas con climas muy calurosos en hombres jóvenes que realizan trabajos físicamente exigentes, por ejemplo en cultivos agrícolas industriales, la construcción, la minería y la fabricación de ladrillos.

En El Salvador y Nicaragua, la ocurrencia de función renal reducida en las comunidades afectadas, en su mayoría zonas de caña de azúcar de tierras bajas, varía en los hombres entre el 18% y 42% y en las mujeres entre el 4% y 10%, diezmando poblaciones enteras.

En Costa Rica, esta enfermedad se ha documentado, principalmente, en cantones cañeros de Guanacaste. Datos de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, revelan que, para el periodo 2009-2016, la mortalidad en hombres en dicha provincia, debido a la enfermedad renal crónica, fue 3.3 veces más alta que en el resto del país, y para los cantones específicos de Cañas, Bagaces, Carrillo y Liberia, la mortalidad fue 8.7, 6.6, 4.3 y 4.3 veces más alta, respectivamente, que en el resto del país.

De acuerdo con datos de la Unidad de Diálisis Peritoneal del Hospital Enrique Baltodano Briceño de Liberia, un 60% de las personas atendidas en la Unidad son trabajadores de campo que se desempeñan en cultivos de caña, melones, naranja y arroz, así como pescadores.

Recientemente, se publicó una serie de artículos sobre la Nefropatía Mesoamericana en revistas científicas internacionales de alto prestigio, incluyendo Occupational and Environmental Medicine, Nutrients,  New England Journal of Medicine y la Revista Panamericana de Salud Pública (la revista internacional de la OPS). 

Tras realizar una revisión exhaustiva de todos los estudios epidemiológicos realizados en la región centroamericana en torno a la enfermedad renal crónica, un grupo de investigadores internacionales publicó sus hallazgos en la revista de la OPS. Los expertos encontraron fuerte evidencia de que la enfermedad renal crónica de causa no tradicional es una enfermedad relacionada con el trabajo, específicamente con el estrés térmico ocupacional.

El estrés térmico ocupacional se produce cuando se realizan trabajos físicos muy duros en climas muy calientes. Según los análisis de los expertos de estas investigaciones, al sobrecalentarse el cuerpo los riñones se inflaman y con el tiempo esto puede llevar a enfermedad renal crónica si se repite frecuentemente. 

Según los hallazgos, cuando trabajadores realizan diferentes tareas en el mismo campo, entre más alta es la carga física durante el trabajo, más frecuentemente se desarrolla daño renal..

Además, se ha logrado demostrar que la disminución de la exposición al estrés por calor, mediante programas de agua, sombra y descanso, reduce la incidencia de daño renal durante la cosecha de caña de azúcar.

Sin embargo, la implementación de las medidas de prevención del estrés térmico debe ser adecuada para evitar daño renal. De esta manera, al evaluar el efectividad de medidas de prevención, los investigadores han recomendado mejoras en el acceso de los trabajadores a descanso sombreado, así como en el acceso a agua y solución de electrolitos durante su trabajo, con base en evidencia.

La Dra. Catharina Wesseling, epidemióloga de la Isla Network (organización internacional que trabaja para ponerle fin a la Nefropatía Mesoamericana) e investigadora del Instituto de Medicina Ambiental del Instituto Karolinska en Suecia y una de los autores de estos estudios, señala que “teniendo en cuenta el aumento de las temperaturas globales y la creciente evidencia que vincula el estrés térmico ocupacional con lesiones renales, se necesitan, con urgencia, regulaciones basadas en evidencia en estos tipos de ‘trabajo caliente’. Se deben realizar más estudios que evalúen el impacto de medidas de prevención en trabajadores vulnerables con estrés ocupacional por calor, en diferentes entornos, como base para la implementación de programas de prevención efectivos”.

Para el Dr. Rolando Herrero, Director Científico de la Agencia Costarricense de Investigaciones Biomèdicas, ACIB, “el problema es sumamente serio y se requerían datos científicos de primera mano, para abrir la discusión y poner en el tapete la importancia de mejorar las condiciones laborales de todos los trabajadores de campo y otras industrias que se exponen a estas condiciones. Es necesaria la intervención de las autoridades sanitarias para asegurar el cumplimiento de las regulaciones establecidas así como más estudios científicos sobre las mejores intervenciones para prevenir esta enfermedad ocupacional, en diferentes contextos”.

Fuente. Periódico Digital Centroamericano y del Caribe


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