Pobreza, inseguridad y exclusión son el motor de la migración

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Centroamérica. El 12 de octubre de 2018, un grupo de 300 personas se reunió en la terminal de autobuses de San Pedro Sula, Honduras, para dirigirse hacia México. Durante el viaje cientos de personas se sumaron e ingresaron a Guatemala tres días después. salvadoreños y guatemaltecos también se unieron a aquella caravana integrada por miles de centroamericanos, y que hizo que los ojos del mundo se enfocaran en Centroamérica. Un año después las caravanas no persisten, pero sí la migración. En Honduras se estima que al día unas 500 personas dejan el país para llegar a Estados Unidos.

A pesar de las medidas implementadas por Guatemala, México, Estados Unidos y el mismo gobierno para frenar la migración desde Honduras, el flujo sigue, como lo demuestran los 86.659 hondureños que han sido deportados de Estados Unidos, México y Guatemala a su país desde enero hasta el 22 de octubre del presente año. Las deportaciones han crecido un 11,7% en comparación al total registrado en 2018 que fue de 61.715 deportaciones, según cifras del Centro Nacional de Información del Sector Social (CENISS).

De acuerdo a Nelson García Lobo, director la Comisión de Acción Social Menonita (CASM), organización que apoyó a los migrantes durante las caravanas de octubre, noviembre y diciembre del año pasado, la migración continua porque no se garantiza una vida digna para los hondureños. “Las cifras demuestran, que la población se sigue yendo, pero ya no en caravanas.

Estimamos que salen a diario entre 500 a 1.000 hondureños, porque siguen las causas que impulsan la población a migrar. Al finalizar el año serán más de 100 mil los deportados”.

El director del CASM explicó que el gobierno hondureño no ha implementado planes para evitar la migración y que todo se limita a campañas para desincentivarla. Estimó que el 60% de los hondureños que se fueron en las caravanas fueron deportados o decidieron regresarse por voluntad propia. “A la terminal de buses de San Pedo Sula llega el 82% de los deportados. Los apoyamos todos los días con alimentos, atención médica y transporte para viajar a sus lugares de origen”, explicó en entrevista. Este flujo diario, para García, demuestra que la migración irregular persiste.

EL SALVADOR: 200 MIGRAN CADA DÍA

Las migraciones desde El Salvador se iniciaron en la década de los 70´s y se agudizaron durante el conflicto armado en la década de los 80´s. “La migración ha continuado con el fin de unir familias (los hijos migran), y también en buena parte impulsados por la falta de oportunidades y por la delincuencia”, destaca un estudio de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades).

En El Salvador, “las caravanas de migrantes mostraron una variación en la forma en que las personas migran. En términos cuantitativos no es una gran diferencia porque el número de personas que salen del país de forma ilegal siempre ha sido alto -se estima un promedio de 200 personas diarias-. Migrar en caravana buscó, por una parte, hacer visible el fenómeno y, por otra parte, presionar a los gobiernos de los países implicados (tanto en Centroamérica como México y Estados Unidos) para que adoptaran medidas o revisaran sus políticas migratorias de tal forma que les protegieran de alguna forma en el camino y les dieran otras opciones de refugio”, apunta Roberto Oswaldo López Salazar, jefe del Departamento de Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Hasta antes del inicio de las caravanas, por cada migrante salvadoreño, los “coyotes” cobraban entre US$2.000 y US$6.000, cifra que ha ido en aumento por la mayor vigilancia de las rutas, lo que obliga a seguir caminos más hostiles.

Datos de la Embajada de Estados Unidos en El Salvador recalcan que los cruces por la frontera sur han disminuido en 86%. Entre mayo y agosto de 2019, precisan, se ha detenido a 11.000 migrantes y desde el 1 de octubre de 2018 (mes en que iniciaron las caravanas migrantes) hasta la fecha, las autoridades migratorias estadounidenses han deportado a más de 17.000 salvadoreños.

Las cifras son difíciles de confirmar dados los subregistros que hay. López Salazar matiza que la política de control migratorio y deportación que está aplicando el presidente Donald Trump no ha variado significativamente de presidentes anteriores. “Lo que ha variado es el estilo que tiene para aplicarla y para comunicar, porque ejerce una presión psicológica muy fuerte y porque ha conseguido involucrar y comprometer (o quizá sea más preciso decir presionar y obligar) a los gobiernos de los países implicados, como es México, Guatemala, Honduras y El Salvador”, explica.

Estados Unidos y El Salvador alcanzaron en septiembre un acuerdo migratorio suscrito en Washington por el secretario interino de Seguridad Interior, Kevin McAleenan, y la canciller salvadoreña, Alexandra Hill. “El fondo de este acuerdo busca reconocer el desarrollo que ha hecho El Salvador de su propio sistema de asilo y su compromiso para ampliar esa capacidad”, dijo McAleenan, quien explicó que la cooperación incluye entre sus “usos potenciales” que los inmigrantes que crucen por El Salvador puedan pedir asilo en este país. Tras los acuerdos migratorios, el flujo se ha desplomado, aseguran las autoridades estadounidenses.

“En los últimos cuatro meses hemos visto una reducción del 86% en la migración de los tres países de Centroamérica”, destacó en octubre McAleenan en una rueda de prensa en San Salvador. Sostuvo que se trata de “resultados históricos. Hemos pasado de 3.300 migrantes (deportados) en mayo a unos 450 ahora, un gran logro que ayuda a proteger familias y niños vulnerables”.

Fuente: E&N.


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