Nuestras rodillas y como cuidarlas

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“Al estar vivos, si hay algo seguro es que vamos a morir, y en el proceso si tenemos suerte, vamos a envejecer”, manifestó el Doctor Ariel Saldaña, ortopeda y traumatólogo del Centro Médico Paitilla, dándonos un marco de referencia a las afecciones que sufre nuestro cuerpo con el paso del tiempo, específicamente nuestras articulaciones.

La rodilla es la articulación más grande que tenemos en nuestro cuerpo y lo más seguro es que todos en algún momento hemos tenido dolor en ellas.  En la etapa de crecimiento y desarrollo del niño pre-escolar es una causa muy frecuente de consulta ortopédica, ya sea porque el infante junta hacia adentro las rodillas (Genu Valgo) o al contrario, las separa, aparentando una curvatura en la pierna, como si se acabara de bajar de un caballo (Genu Varo).

Desde el nacimiento el niño evoluciona a través estas posiciones a lo largo de los años, siendo alrededor de los 7 a los 12 años donde adopta la forma definitiva.  Si estas formas se salen del rango adecuado se puede establecer algún tratamiento desde pequeño.

“Cada vez que a un paciente le duela la rodilla, es preciso examinarle la cadera, sobre todo en niños y adolescentes en etapa de crecimiento”, añade el Doctor Saldaña, pues frecuentemente se analizan las rodillas por dolor mediante diferentes pruebas, inclusive rayos X y no se diagnostica ninguna anomalía, sin embargo, esa manifestación dolorosa puede ser un reflejo de algún problema en la cadera que es posible conlleve secuelas si no es tratado.

De los 10 a los 14 años se habla de los “dolores de crecimiento”, este término “recomiendo no utilizarlo, pues se pueden pasar por alto diagnósticos necesarios para un tratamiento adecuado.  Por ejemplo, alguna lesión en el punto donde se inserta el tendón de la rótula, un caso que vemos muy frecuentemente en niños que practican mucho deporte”.

Si hablamos de adolescentes, y podemos incluir en este grupo etario también a adultos jóvenes y adultos intermedios al referirnos a problemas en la rodilla, entran en juego otros factores. Uno de ellos, por ejemplo, es la tracción que ejerce el cuádriceps (músculo frontal del muslo) para generar movimiento.  Esta trayectoria es ligeramente lateral cuyo ángulo es más pronunciado en las mujeres, lo cual produce fricción y desgaste en la rótula (sumado a su desplazamiento) con el pasar del tiempo y se denomina: Síndrome de hipertensión lateral o síndrome patelofemoral.

Está en nuestras manos tratar de prevenir en la medida de lo posible esta condición bastante común.  Por ejemplo, realizando estiramientos después de la actividad física, velar por la postura adecuada a la hora de ejecutar ciertos movimientos como los “squats o sentadillas”, correr o montar bicicleta.  También podemos realizar ejercicios para fortalecer el músculo vasto medial oblicuo (en la parte interior del muslo), para contrarrestar el movimiento desviado natural de la rodilla.

Nuestras rodillas no escapan de verse afectadas también por traumas, accidentes, rotura de ligamentos, lesiones en los meniscos y tendones, tan comunes en los atletas profesionales y más en los recreativos (guerreros de fin de semana).  Gracias a la resonancia magnética estas lesiones en las estructuras blandas de la rodilla son fácilmente detectables y sugieren el tratamiento a seguir el cual en muchos de estos casos es quirúrgico.

El adulto mayor ya por el desgaste natural de la edad o por previas lesiones, presenta con frecuencia molestias en esta parte del cuerpo, tales como la artrosis (diagnosticada fácilmente con rayos X), la cual también es más frecuente en las mujeres.  En este punto vemos también el resultado de diferentes factores, desde genéticos y traumatismos hasta malas prácticas posturales y de cuido de tan importante articulación.  La terapia física es fundamental para mantener la movilidad de la rodilla ante este tipo de diagnóstico a lo cual también se puede sumar el uso de una rodillera.

El Doctor Saldaña hace especial énfasis en la obesidad, ya que “es claramente un factor perjudicial para la rodilla.  Por cada libra de peso extra que tenga la persona, le pone alrededor de cuatro libras de presión extra a la rodilla cada vez que da un paso”.

“Hay infinidad de medicamentos y suplementos que se ofrecen en el mercado, por ejemplo, la glucosamina, sin embargo, en todas las revisiones que se han realizado a nivel internacional, no se ha demostrado que sirvan de algo significativamente”, indica el Doctor Saldaña, quien también es Presidente de la Sociedad Panameña de Ortopedia y Traumatología.

Otro tipo de tratamiento común es la infiltración con corticoides, sin embargo, su beneficio es a muy corto plazo y cada vez menor al repetirse su aplicación.  Además, se ha comprobado que su uso frecuente deteriora el cartílago, por lo que tampoco es recomendado.

En conclusión, nuestras rodillas están expuestas a múltiples dolencias tanto por el paso del tiempo como por descuido en su protección.  Está en nuestras manos aplicar las medidas de prevención mencionadas y cuidarlas para que funcionen en las mejores condiciones el mayor tiempo posible.

Fuente.  Centro Médico Paitilla


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