Guatemala. América Latina y el Caribe enfrentan una persistente brecha de aprendizaje que limita el desarrollo de su capital humano. Actualmente, el 79% de los estudiantes de sexto grado no logra comprender textos básicos, lo que sitúa a la región entre las más afectadas por la “pobreza del aprendizaje” a nivel global, una métrica utilizada por el Banco Mundial para evaluar los resultados educativos.
Un análisis de McKinsey & Company sobre la evolución del desempeño educativo en la región señala que, si bien algunos países han logrado avances en el acceso a la educación, las economías de bajos ingresos aún enfrentan brechas significativas. En estos contextos, la tasa de matriculación en la educación superior se sitúa alrededor del 27%, en comparación con aproximadamente el 65% en economías de mayor desarrollo relativo, a lo que se suma que la calidad educativa en este nivel continúa siendo un desafío.
Invertir en capital humano es clave para acelerar el crecimiento económico, ya que reducir en apenas un 10% la proporción de jóvenes que abandonan la escuela o carecen de habilidades básicas podría incrementar el crecimiento anual del PIB entre uno y dos puntos porcentuales. A su vez, las nuevas tecnologías también representan una oportunidad relevante para mejorar los resultados de aprendizaje y capturar valor potencial en juego.
Tecnología educativa: oportunidades y retos para la educación
McKinsey define edtech como organizaciones, con o sin fines de lucro, que desarrollan total o parcialmente tecnología o soluciones basadas en tecnología para transformar la enseñanza, el aprendizaje y la gestión educativa en cualquier nivel. A nivel global, el edtech ha demostrado su potencial para mejorar la educación al cerrar brechas de acceso en regiones desatendidas, mejorar los resultados de aprendizaje y aumentar la eficiencia operativa.
Para maximizar su impacto, los inversionistas pueden enfocar sus esfuerzos en áreas donde el financiamiento contribuya a desarrollar un mercado edtech sólido en la educación. En ese sentido, McKinsey identifica seis oportunidades clave que abarcan la demanda, la oferta y el entorno del mercado:
1.Financiar la formación de docentes y tomadores de decisión (como administradores escolares y responsables de políticas públicas) sobre los beneficios y limitaciones de distintas soluciones edtech, con el fin de mejorar la toma de decisiones e impulsar su adopción.
2.Proveer recursos y mecanismos que reduzcan el riesgo de participación en procesos de contratación pública para soluciones edtech.
3.Apoyar a nuevos actores prometedores mediante capital o asistencia técnica que les permita ganar tracción y escalar sus soluciones.
4.Ofrecer capital paciente en etapas tempranas, orientado a validar modelos de negocio, teorías de cambio y su potencial de escalabilidad.
5.Financiar la creación de un organismo independiente, con alcance regional, que establezca estándares consistentes de calidad para soluciones edtech, generando confianza sobre su efectividad.
6.Apoyar la creación y expansión de entidades públicas de innovación enfocadas en educación, que impulsen cambios sistémicos y fomenten la innovación.
En América Latina y el Caribe, existe un mercado potencial de entre 1,000 y 1,500 millones de dólares en el segmento de aprendizaje básico (desde kínder hasta el bachillerato o carreras técnicas preuniversitarias), actualmente dominado por actores tradicionales, pero que podría ser capturado por soluciones edtech hacia 2030; sin embargo, este potencial aún no se ha materializado, ya que es donde las edtech enfrentan más barreras para lograr adopción, escala y sostenibilidad, debido tanto a la alta disparidad en los resultados de calidad como a un mercado menos dinámico.
Abordar los desafíos del sistema educativo y acelerar el impacto del edtech en la región requerirá la acción coordinada de múltiples actores, incluidos gobiernos, sistemas educativos, inversionistas e innovadores. En este contexto, la filantropía puede desempeñar un rol catalizador clave para acelerar el impacto y generar un círculo virtuoso en la región, mediante inversiones estratégicas orientadas a fortalecer mercados e iniciativas que el sector privado aún no financia, con el objetivo de maximizar su alcance.
En la región, el financiamiento filantrópico aún no alcanza las áreas donde más se necesita para mejorar los resultados educativos; aunque América Latina y el Caribe concentran más del 10% de los estudiantes a nivel global, en 2022 recibieron solo alrededor del 7% de los fondos filantrópicos en educación y menos del 1% de donantes privados de Estados Unidos. No obstante, la filantropía puede ser un motor clave de innovación educativa al cerrar brechas críticas y fomentar la inversión en tecnologías, mejorando así los resultados de aprendizaje y el desarrollo económico.
Fuente. McKinsey & Company




































