Guatemala. En medio de un panorama global cambiante, el mundo está entrando en una nueva era marcada por transformaciones profundas. El orden internacional está transitando de una estructura unipolar a una multipolar, mientras que los cambios recientes en las políticas comerciales están redefiniendo las dinámicas globales. En este contexto, América Latina tiene la oportunidad de aprovechar sus fortalezas y activos competitivos para impulsar la productividad y desbloquear todo su potencial.
Estas oportunidades se sustentan en ventajas estructurales claras: abundante energía renovable, fuerza laboral talentosa, riqueza de recursos naturales y una ubicación geográfica estratégica. El reciente estudio de McKinsey & Company aborda la idea de que América Latina ha sido una región de potencial “no realizado” durante más de 50 años, y señala que los cambios globales actuales representan una oportunidad única para transformar esta realidad y acelerar su desarrollo económico.
Históricamente, la baja inversión en la región ha obstaculizado la productividad en la región; durante los últimos 25 años, el capital adicional por trabajador impulsó el crecimiento de la productividad en apenas 0.9 puntos porcentuales por año, la mitad que el de sus pares. Además, aproximadamente el 60% de la población vive hoy por debajo de la línea de empoderamiento y enfrenta la posibilidad de “envejecer antes de hacerse rica” debido a presiones demográficas y a un panorama débil de crecimiento.
Palancas clave para el crecimiento productivo
El aumento de la inversión y una asignación de capital más eficiente son esenciales para impulsar la productividad en América Latina. De acuerdo con McKinsey, inversiones focalizadas en sectores estratégicos podrían generar ingresos anuales combinados de entre 590 mil millones y 1.2 billones de dólares para el 2040, dependiendo del ritmo de inversión, la alineación de políticas públicas y la evolución de la demanda global. Alcanzar este crecimiento implicaría inversiones acumuladas de entre 1.7 a 2.8 billones de dólares el hasta 2040, lo que subraya tanto la magnitud de la oportunidad como el desafío de ejecución.
Los cambios actuales representan una oportunidad única para que la región transforme su trayectoria económica, enfocándose en tres áreas clave con alto potencial: revitalizar su base industrial, prosperar en la era de la digitalización global y aprovechar sus abundantes dotaciones naturales. No obstante, capitalizar estas oportunidades requerirá abordar brechas críticas que van desde el desarrollo de capital humano, la mejora de la infraestructura y la estabilidad macroeconómica, hasta la creación de nuevos corredores comerciales y la expansión de los existentes.
Revitalizar la base industrial implica desarrollar capacidades en manufactura de nueva generación y soluciones power-to-X. Para el 2040, en el ámbito de manufactura avanzada, América Latina podría desarrollar el sector y desbloquear ingresos adicionales anuales cercanos a los 200 mil millones de dólares, siempre que se concreten inversiones acumuladas de aproximadamente 230 mil millones de dólares durante dicho periodo. Si bien la región aún no alberga líderes globales en este segmento, ha comenzado a consolidar nichos especializados en industrias de alto valor a lo largo de distintas etapas de la cadena productiva, lo que constituye una base sólida para capturar la siguiente ola de crecimiento industrial.
En paralelo, el sector power-to-X (que incluye el hidrógeno verde y sus derivados), podría generar hasta 60 mil millones de dólares adicionales en ingresos anuales, con inversiones acumuladas de hasta 275 mil millones de dólares. El impulso global hacia la descarbonización está acelerando la demanda de portadores de energía limpia para sectores difíciles de abatir, como la industria pesada, el transporte de larga distancia y la producción química, lo que abre oportunidades para que la región desarrolle capacidades a lo largo de múltiples segmentos de esta cadena de valor.
Por otro lado, prosperar en la era de la digitalización global representa una segunda palanca clave. América Latina podría aumentar sus ingresos por servicios de tecnologías de la información y business process outsourcing (BPO) en aproximadamente 255 mil millones de dólares anuales, capturando una mayor participación de un mercado global en rápida expansión. De acuerdo con McKinsey, esta oportunidad requerirá inversiones acumuladas cercadas a los 270 mil millones de dólares hasta el 2040. La región ya ha desarrollado capacidades relevantes en estos sectores, con costos laborales competitivos y una sólida oferta de talento en ingeniería de software, además de la presencia de empresas locales líderes y de centros de conocimiento y servicios de grandes compañías tecnológicas globales.
De forma complementaria, el desarrollo de centros de datos podría aportar alrededor de 30 mil millones de dólares adicionales en ingresos anuales, con inversiones acumuladas cercanas a los 70 mil millones de dólares. Estas oportunidades se apoyan en ventajas como la proximidad a mercados clave, la conectividad, el potencial de energías renovales y las capacidades ya existentes en la región.
Mientras tanto, extraer el potencial de los recursos naturales constituye la tercera palanca estratégica, con especial énfasis en agroalimentos, petróleo y gas, y minerales críticos. En particular, se estima que el sector agroalimentario podría generar hasta 425 mil millones de dólares adicionales en ingresos anuales, con inversiones acumuladas de hasta 760 mil millones de dólares. Aunque presenta los niveles de productividad más bajos entre los sectores analizados, existe un amplio margen de mejora a través de una mayor inversión en capital físico y tecnología, así como del desplazamiento hacia actividades orientadas a la exportación. Estas oportunidades se ven reforzadas por las ventajas naturales de la región y su posición como la mayor exportadora neta de alimentos en el mundo.
No obstante, más allá del sector agroalimentario, el petróleo y gas, junto con los minerales críticos, representan fuentes adicionales relevantes de crecimiento dentro de esta palanca. Por ejemplo, la región podría generar 105 mil millones de dólares adicionales en ingresos anuales en petróleo y gas, con inversiones acumuladas de hasta 785 mil millones de dólares, mientras que los minerales críticos podrían aportar aproximadamente 120 mil millones de dólares adicionales en ingresos anuales, con inversiones acumuladas de hasta 495 mil millones de dólares, impulsados por el aumento sostenido de la demanda global asociado a la transición energética.
En los últimos 25 años, el crecimiento del producto interno bruto (PIB) de la región ha quedado rezagado frente a los promedios globales y ha dependido en gran medida de la expansión de la fuerza laboral. En este momento, América Latina tiene una oportunidad concreta para transformar la trayectoria de su productividad. Sin embargo, lograrlo exigirá acciones focalizadas para cerrar brechas de capacidades y remover barreras estructurales persistentes, alineando inversiones y políticas públicas en torno a estas prioridades.
Capitalizar plenamente estas acciones requerirá una ejecución decidida: movilizar capital, desarrollar nuevos corredores comerciales, profundizar el comercio intrarregional, modernizar los marcos regulatorios y fortalecer el capital humano podría mejorar sustancialmente la resiliencia de América Latina y su capacidad de respuesta ante los cambios globales, cerrando brechas persistentes de inversión y productividad. El resultado podría ser un camino claro hacia un crecimiento sostenible.
Fuente. McKinsey & Company




































