La importancia de entender la presión sanguínea

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Según el análisis de Enfermedades No Transmisibles del Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de Guatemala, en el 2017 había 764 casos de hipertensión arterial por cada 100,000 habitantes, 74% de los casos fueron reportados en mujeres.

La hipertensión, o presión sanguínea alta, es considerada uno de los principales factores de riesgo de enfermedades a escala mundial. Es llamada a menudo el «asesino silencioso» porque muchas personas no son conscientes del problema mientras el daño ocurre en el cuerpo. La hipertensión crónica puede llevar a padecimientos graves como apoplejía, ataque cardíaco, insuficiencia cardíaca o enfermedad renal. Para el Día Mundial de la Hipertensión 2019, celebrado internacionalmente el 17 de mayo, el tema «Conozca sus cifras» busca crear conciencia sobre la importancia de saber qué es la medición de su presión sanguínea.

La presión sanguínea o presión arterial es la medida de la presión o fuerza que empuja a la sangre contra las paredes de los vasos sanguíneos. A continuación, un desglose realizado por Cleveland Clinic de las variaciones de la presión arterial y lo que indica cada una de ellas:

  • Presión sanguínea normal: Sistólica mm Hg (cifra alta): menos de 120 y Diastólica mm Hg (cifra baja): menos de 80
  • Presión sanguínea elevada: Sistólica mm Hg (cifra alta): 120 – 129 o Diastólica mm Hg (cifra baja): menos de 80
  • Hipertensión – Etapa 1: Sistólica mm Hg (cifra alta): 130 – 139 o Diastólica mm Hg (cifra baja): 80 – 89
  • Hipertensión – Etapa 2: Sistólica mm Hg (cifra alta): 140 o más Diastólica mm Hg (cifra baja): 90 o más

El objetivo del tratamiento de la hipertensión es disminuir la presión arterial alta dañina y proteger órganos importantes, como el cerebro, el corazón y los riñones. Los estudios han mostrado una relación entre el tratamiento exitoso de la hipertensión y reducciones en el número de accidentes cerebro vasculares (un promedio del 35% al 40% de reducción), infartos (20% al 25%) e insuficiencia cardíaca (más del 50%).

Si no se trata, la hipertensión aumenta el riesgo de desarrollar un padecimiento grave, como los mencionados anteriormente y otros. Según la American Heart Association (Asociación Estadounidense del Corazón), los accidentes cerebrovasculares son de 4 a 6 veces más propensos a ocurrir en personas con presión arterial alta y 6 veces más probables para las personas con enfermedades cardíacas. Según la Pan American Health Organization (Organización Panamericana de la Salud/OPS), aproximadamente 10 millones de personas mueren anualmente en el mundo debido a la presión sanguínea elevada.

«La hipertensión puede causar daños graves en las arterias de todo el cuerpo, lo que hace que se rompan u obstruyan con mayor facilidad», dice el doctor David López de Cleveland Clinic Florida, que forma parte del sistema de salud de Cleveland Clinic con sede en Ohio, líder en cardiología y cirugía cardíaca durante los últimos 24 años. “Un accidente cerebrovascular se produce cuando un vaso sanguíneo que va al cerebro ha sido bloqueado por un coágulo (isquémico) o se rompe (hemorrágico). Puesto que el cerebro controla los movimientos y pensamientos, puede afectar la capacidad de una persona para pensar, moverse y funcionar, y también el habla, la memoria y la visión».

Es importante hablar con su médico sobre la presión arterial normal de una persona y realizar mediciones regulares de la presión arterial en el hogar. Tomar medicamentos para el control de la presión arterial como lo prescribe el médico puede mantener la presión arterial bajo control. Las personas cuyos familiares tienen presión arterial alta, enfermedad cardiovascular o diabetes presentan un mayor riesgo de desarrollar hipertensión, al igual que ciertos grupos étnicos. La inactividad, la mala alimentación, el consumo excesivo de alcohol o fumar también son factores de riesgo.

Otras recomendaciones incluyen practicar técnicas de reducción del estrés, como la meditación, el yoga, dormir bien y respirar profundamente. Las actividades aeróbicas como caminar, andar en bicicleta o nadar también pueden ayudar a controlar y reducir la hipertensión. Se recomienda comenzar lentamente y aumentar la actividad gradualmente. La actividad se puede realizar en sesiones de 10 minutos hasta llegar a un total de 30 a 45 minutos.

Fuente. Cleveland Clinic


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