El «voto latino» en las elecciones de EE.UU

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De acuerdo al Pew Research Center la población  latina en los Estados Unidos es de 61 millones  o un 18% de la totalidad.  Un error reiterado de los analistas -ya de décadas- es considerar a los pueblos cuyas raíces se hunden en el Caribe y al sur del Río Bravo  como un bloque monolítico. Pero entre esta existe mucha diversidad.  Múltiples son los contrastes en términos de edad, raza, género, orientación sexual, religión, condición económica y social, ideología política, origen nacional, etcétera.

El mapa electoral latino (de los que pueden votar) es de 32 millones. La mayor concentración de estos votantes se encuentra en California y en Texas; 7.9 millones y 5.6 millones respectivamente. Es importante recordar que el 80% de los votantes latinos son nacidos en los Estados Unidos y el inglés constituye su primer idioma.

La gran novedad es que los latinos son -por vez primera en la historia-  la principal minoría electoral. Se calcula en 15 millones los que en efecto votaron. Cerca a un 70% lo hicieron por Biden. Sin embargo, los demócratas fallaron en traducir dicho porcentaje en ciertos estados claves y tradicionalmente indecisos como en Florida. 

Por otra parte, es relevante anotar que desde la elección de Nixon en 1972, entre una cuarta parte y un tercio del electorado latino se identifica republicano.  De acuerdo al Centro Pew ahora el  62% de los latinos votantes se enmarca demócrata contra un 27% que lo hace republicano.   En las actuales elecciones por lo menos 10 millones de latinos votaron por Biden.

En el contexto electoral nacional el voto contado hasta este momento refleja 150 millones de sufragios, representando un récord histórico de participación del 66.5% y el más alto en un siglo como lo reveló el Washington Post.  Cuando todas las papeletas  hayan sido contadas, la NBC proyecta un gran total de participación de 159.8 millones de sufragios, o sea, un 66.8%, cifra la más alta desde 1900.

En la elección del 2016, la participación fue de un poco menos de 139 millones de personas (60.1%), y en la del 2008 fue de 61.6%, cifra considerada espectacular y que puso a Obama en su primer mandato.  Las asistencias históricas más altas  en sufragios emitidos  fueron las de 1908 y 1960: 65.7% y 63.8 %, respectivamente. En resumen, Joe Biden es el primer candidato presidencial que supera la cifra de 75 millones de votos.  Al momento de escribir este artículo (12 de noviembre) Biden cuenta con el favor de 77.271, 279 votantes, sacando una ventaja  sobre su rival de 5.088, 900. Trump se ha llevado 72.182,379, por debajo de Biden y por arriba de lo sacado por él mismo en 2016.   Claro está,  no hay que descartar los desafíos legales de Trump porque podrían variar estas cifras.  Pienso que es improbable. En fin, a estas alturas Biden tiene un 50.8% del voto popular, 3.4% arriba del 47.4% de Trump. 

El caso del condado de Miami-Dade

Los estadounidenses de origen cubano en Miami-Dade se arrimaron a las urnas en un 58%.  En el 2012 Obama ganó el voto cubano.  Ya para el 2018 los cubanos se apartaron -en las elecciones de medio periodo- de la senda demócrata. Entonces mayoritariamente votaron por el actual gobernador Ron DeSantis, un republicano consentido de Trump. Había conseguido el 66% de apoyo entre los cubanos.  A este tren se unieron muchos votantes venezolanos, nicaragüenses y colombianos. 

En estas elecciones, el 56% de los cubanos de Florida votaron por Trump.  Lo anterior contrasta con el 30% de puertorriqueños y un 48% de “otros latinos”.  Los cubanos encabezaron la contribución a la reelección de un gobierno autoritario.  Pienso que ahora se sentirán frustrados.  El esfuerzo fue patente. 

En Miami-Dade Trump superó los 333,999 votos de 2016 y los elevó ahora a 529,016. Biden obtuvo 613, 086, un número inferior a los 624,146 votos que Clinton obtuvo  en 2016. Lo cierto es que el 57%  de los latinos de Florida se fueron con Biden (en contraste con casi el 70% nacional), apoyo que no alcanzó para derrotar al republicano. Los cubanos representan el 29% de los electores, los puertorriqueños el 27% y los mexicanos el 10% en dicho condado.  Entre los votantes no cubanos existió un empate de 49%  entre Biden y Trump.  En Florida hay 2.5 millones de votantes, representando un 17% del total nacional.

La estrategia de Trump funcionó en Florida.  Prendió entre los latinos -en suficiente número-   la mentira de que Biden es un socialista. Se encendieron narrativas absurdas, conspirativas, sobre la “maldad diabólica” de Hunter Biden y su padre. Iglesias evangélicas contribuyeron a este despropósito. Destaca el Ministerio Internacional El Rey Jesús, una mega congregación ubicada al sur de Miami.   Ahí se celebraron actos masivos en favor de Trump y sus objetivos filofascistas.  Pienso que la campaña de Biden con los latinos empezó muy tarde, cuando ya Trump había hecho avances estratégicos reviviendo fantasmas de la guerra fría.  Una es la enseñanza:  el voto latino es complejo y nunca debe darse como garantizado. No son suficientes los avisos en español  a última hora, ni las alegres tonadas de los mariachis, para cautivar la audiencia necesaria para ganar una elección.

Arizona: el arduo trabajo de las organizaciones latinas de base

Biden ganó en Arizona.  No fue una casualidad.  Esta victoria es el fruto de una coalición popular y antiracista .  Su secreto consistió en amalgamar un conjunto de organizaciones diversas: latinas, inmigrantes, sindicales y de las comunidades LGBTQ. Han sido 20 años de lucha ininterrumpida en favor de causas progresistas.  En el camino vencieron al filofascista sheriff Joseph Arpaio y propusieron  una iniciativa que en el 2016 incrementó el salario mínimo. 

En 2010 las autoridades estatales aprobaron una ley, la SB 1070, que extendía a la policía local  el deber de colaborar con los federales para exigirle a cualquier persona sus documentos. A los uniformados simplemente les bastaba con tener una “duda razonable” para importunar a cualquier ciudadano.  Bastaba con tener piel café para ser una probable víctima. “Racial profiling”se convirtió en una práctica habitual.  De esta lucha salió toda una generación que apenas ayer certificó la derrota de Trump.

En Arizona la narrativa fue otra muy  diferente a la de Florida. El 71% del voto latino (fundamentalmente mexicano) repudió a Trump. La extrema derecha perdió su puesto en el senado con la derrota de Martha McSally. Los y las hispanas hicieron historia en los condados de Maricopa y Pima -donde se encuentran las ciudades Phoenix y Tucson, respectivamente-  contribución decisiva a la ajustadisima victoria de Biden que fue de 11 mil votos.

Una nación dividida

Desde mi perspectiva -como ciudadano tico-estadounidense- juzgué esta elección como un referéndum entre democracia y autoritarismo, entre el nacionalismo blanco-fascistoide y la dignidad humana.  Pude contribuir con mi modesta cuota de esfuerzo a detener el avance de Trump.  Alarma que la mitad del país tenga apetitos extremistas, propios del colonizador blanco que se siente amenazado ante el crecimiento y la influencia de los pueblos de color. Trump no fue un accidente: refleja, precisamente, los miedos y fantasmas de esa otra mitad chauvinista y adornada por sus bulliciosos corifeos de color como en Miami.  Black Lives Matter recordó que este país a todos pertenece para hacerlo solidario y equitativo. Lo que procede es seguir luchando por un Estados Unidos más solidario, igualitario y justo.

(*) Allen Pérez es Abogado

Fuente: El País.cr


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