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Europa. A menos de cinco meses de que comience la Copa Mundial de la Fifa 2026 —que se jugará entre Estados Unidos, México y Canadá— ha surgido un inesperado ingrediente político en el debate alrededor del torneo. Más allá del fútbol, la tensión internacional entre Alemania y la administración del presidente estadounidense Donald Trump ha llevado a que algunos políticos y sectores de la población germana sugieran un posible boicot a la participación de Alemania en la cita mundialista como forma de presión diplomática.
La propuesta de boicot y su origen
La idea fue planteada por Jürgen Hardt, portavoz de política exterior del bloque conservador CDU/CSU en el Bundestag y cercano al canciller alemán. Hardt aseguró, en declaraciones publicadas por medios internacionales como el diario Bild, que la selección alemana podría retirarse del Mundial solo como último recurso si no se resuelven las fricciones entre Alemania y Estados Unidos sobre asuntos geopolíticos externos al deporte.
El motivo principal de esa tensión es la controvertida postura del presidente Trump sobre Groenlandia, territorio autónomo danés de gran importancia estratégica en el Ártico. Trump ha expresado reiteradamente su interés en que Estados Unidos tome control de la isla, incluso insinuando opciones de compra o, según algunas interpretaciones de sus declaraciones, anexión. Este plan ha provocado severas críticas por parte de varios países europeos, incluidos Alemania y otros miembros de la OTAN.
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Este nivel de apoyo refleja una sensación de indignación en segmentos del público alemán hacia la diplomacia estadounidense y pone de manifiesto cómo temas de seguridad internacional pueden llegar a influir incluso en eventos deportivos globales como la Copa del Mundo.
Contexto del boicot y su simbolismo
Históricamente, la selección alemana —uno de los equipos más exitosos del fútbol mundial con cuatro títulos de la Fifa— nunca ha renunciado a participar en una Copa del Mundo por razones políticas o diplomáticas. No lo hizo en 1978, pese a la dictadura argentina, ni en eventos más recientes a pesar de conflictos geopolíticos o críticas hacia los países anfitriones.
Por eso mismo, la propuesta de Hardt se ha presentado como una medida extrema y no como una política oficial del gobierno alemán. Autoridades políticas, deportivos y expertos han señalado que retirar a la selección sería un acto sin precedentes con enormes implicaciones deportivas y diplomáticas, incluidos posibles ajustes de calendario, sanciones de la Fifa o impacto en reputación internacional.
¿Qué significaría para el Mundial?
Si Alemania, clasificada para el Mundial y cabeza de grupo E junto con Ecuador, Costa de Marfil y Curazao, decidiera concretar el boicot, tendría un impacto directo en el desarrollo del torneo, obligando a la Fifa a replantear calendarios o incluso considerar medidas extraordinarias para equilibrar la competición.
Sin embargo, al menos por ahora la propuesta sigue siendo una declaración política aislada, sin respaldo oficial del gobierno alemán ni plan concreto de retirada, y con la esperanza de que se alcance algún tipo de entendimiento diplomático antes de que inicie el torneo en junio de 2026.




































