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Cuba condena de manera inequívoca el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, al tiempo que reafirma su compromiso de cooperar con los Estados Unidos y otras naciones para fortalecer la seguridad regional e internacional.
Cuba declara categóricamente que no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas. Nuestro país mantiene una política de tolerancia cero frente al financiamiento del terrorismo y el lavado de dinero, y está comprometido con la prevención, detección y enfrentamiento de actividades financieras ilícitas, en consonancia con los estándares internacionales.
Cualquier interacción pasada que haya involucrado a personas posteriormente designadas como terroristas ocurrió únicamente en contextos humanitarios limitados, vinculados a procesos de paz reconocidos internacionalmente, a solicitud de sus respectivos gobiernos, de manera plenamente transparente.
Cuba no alberga bases militares o de inteligencia extranjeras y rechaza la caracterización de ser una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos. Tampoco ha apoyado ninguna actividad hostil contra ese país ni permitirá que nuestro territorio se utilice contra otra nación.
Por el contrario, Cuba está dispuesta a reactivar y ampliar la cooperación bilateral con los Estados Unidos para hacer frente a amenazas transnacionales compartidas, sin renunciar jamás a la defensa de su soberanía y la independencia.
Cuba propone renovar la cooperación técnica con los Estados Unidos en áreas que incluyen la lucha contra el terrorismo, la prevención del lavado de dinero, el combate al narcotráfico, la ciberseguridad, la trata de personas y los delitos financieros, y continuará fortaleciendo su marco jurídico para respaldar estos esfuerzos, consciente de que cuando ha existido voluntad de las partes, se ha podido avanzar en estos frentes.
El pueblo cubano y el pueblo estadounidense se benefician del compromiso constructivo, la cooperación conforme a la ley y la coexistencia pacífica. Cuba reafirma su disposición a mantener un diálogo respetuoso y recíproco, orientado a resultados tangibles con el Gobierno de los Estados Unidos, basado en el interés mutuo y el derecho internacional.




































