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La crisis de la inacción climática y la resistencia a la modernidad en Panamá

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Panamá. De acuerdo con el World Economic Forum, el “riesgo global se define como la posibilidad de que ocurra un evento o condición que impactaría negativamente una proporción significativa del PIB global, la población o los recursos naturales”.

Según el reporte de Riesgos Globales 2023, los dos principales riesgos a los que se enfrentan las economías mundiales serían, el costo de la vida –durante, al menos, los próximos dos años–, y ‘el fallo en mitigar el cambio climático’, como el principal reto para la próxima década.

Un 70% de los líderes globales encuestados para preparar este informe sobre Riesgos Globales 2023 considera las medidas tomadas para prevenir o prepararse para el cambio climático como ‘ineficaces’ o ‘altamente ineficaces’. Para el panel intergubernamental sobre el cambio climático (Ipcc), “la posibilidad de incumplir el objetivo de frenar el aumento de las temperaturas globales en 1,5 °C para 2030 es del 50%”. Una parte importante de estas consideraciones está relacionada con la inacción de sociedades, gobiernos y empresas.

Una parte de esa inacción está alimentada por una extrema incertidumbre. El ‘Informe sobre desarrollo humano 2020/2021’ publicado por el Pnud, señala que “si la incertidumbre ensombrece todos los aspectos del desarrollo humano, socava la capacidad de actuar. La pérdida del control percibido en lugar de la simple carencia de control tiene sus propias consecuencias negativas, al igual que los efectos en cascada: una tendencia a identificar culpables o villanos, una falta de confianza en las instituciones y en las élites, y un crecimiento del aislamiento, el nacionalismo y la discordia social”.

Otra parte de la inacción está relacionada con la inercia de los sistemas políticos y económicos y la resistencia férrea al cambio. Por un lado, la inercia conlleva la ausencia de una acción deliberada y la adopción de una actitud que impide la gestión de los problemas diarios, que es lo que, en última instancia, conduce a su correcto funcionamiento y a la mejora continua de los sistemas sociales, políticos, económicos y urbanos. En segundo lugar, se encuentra la resistencia férrea por parte de las élites políticas, económicas, sindicales, empresariales y académicas, que impide y pone obstáculos a cualquier esfuerzo que represente un cambio en los mecanismos existentes, con el fin de preservar sus privilegios.

Sin embargo, la hora de actuar y cambiar ha llegado. Julio de 2023 marcará un hito en la historia de la humanidad. El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, señalaba la semana pasada que “según los datos, julio ya ha visto el período de tres semanas más caluroso jamás registrado; los tres días más calurosos registrados; y las temperaturas oceánicas más altas para esta época del año. Para vastas partes de América del Norte, Asia, África y Europa, es un verano cruel. Para todo el planeta, es un desastre. Todo esto es totalmente consistente con las predicciones y las repetidas advertencias. La única sorpresa es la velocidad del cambio”.

El acceso a datos para informar la acción

Uno de los aspectos clave para la toma de decisiones en un entorno como el de Panamá –paralizado por la incertidumbre y la falta de cohesión social, por el lado de la ciudadanía, y por la inercia sistémica y la resistencia férrea al cambio, por parte de las élites– es la generación, el acceso y la amplia divulgación de datos y conocimiento científico que permee las distintas decisiones que dan forma a la sociedad. Desde la generación de programas para la inversión en infraestructura, el desarrollo de programas sociales o la elaboración de normativas, todos estos aspectos deberían estar fundamentados en datos públicos que faciliten la discusión y la construcción de consensos.

Existe una deficiencia generalizada en cuanto a la existencia y acceso a datos sobre lo que podría considerarse ‘las amenazas al desarrollo y bienestar humano’, que incluye la generación de datos sobre la ocurrencia e impacto de desastres como inundaciones, deslizamientos, incendios forestales y sequías entre otros, así como las previsiones de escenarios futuros de cambio climático. En los casos en que los datos existen o han sido producidos, muchas veces no están disponibles o su disponibilidad se ve mermada por los formatos y la falta de divulgación por parte de las instituciones que los generan.

Además, hay datos sobre el desarrollo urbano y la inversión pública y privada que se mantienen en la opacidad. Datos sobre los estudios de impacto ambiental, las concesiones otorgadas por el Estado, los permisos otorgados por autoridades como municipios, MiAmbiente y Miviot, entre otros, que se publican de forma que hace prácticamente imposible su utilización y seguimiento. Generalmente son datos publicados como informes en pdf, sin una periodicidad bien establecida en cuanto a la frecuencia de actualización. Similar situación sucede con los datos sobre la situación demográfica y socioeconómica de la población y las actividades que esta realiza, que se encuentran bajo responsabilidad del Inec y el MEF.

La incertidumbre se alimenta con la falta de información. Un ejemplo claro en Panamá en que la opacidad en el acceso a los datos mencionados afecta la toma de decisiones bien informada por parte de los ciudadanos, es la compra de la vivienda. Durante este proceso, en la mayoría de los casos los ciudadanos no cuentan con acceso a datos que les permitan evaluar aspectos como la existencia de ‘amenazas al desarrollo y bienestar humano’ en las zonas donde se les ofertan los proyectos inmobiliarios. Tampoco hay plataformas disponibles que permitan identificar con claridad las previsiones de crecimiento y provisión de servicios que tendrán alrededor de las residencias que piensan comprar. Esta misma incertidumbre afecta a inversionistas, desarrolladores, e inclusive a las entidades encargadas de otorgar los permisos en instancias como la ventanilla única de los municipios.

La opacidad en el acceso a la información nos está llevando a una crisis permanente, ya que se sigue actuando bajo un estado de inercia y desconocimiento. Las personas perciben que cada día los problemas se profundizan sin entender cómo actuar para resolverlos. En el trasfondo de este déficit de información en que vive la sociedad panameña se encuentra un legado, que la historiadora Patricia Pizzurno retrata muy bien en su libro El miedo a la modernidad: 1904-1930 (2016). En este libro se describe con claridad el rechazo a los instrumentos de un Estado moderno por parte de las élites, y su apego al caciquismo y personalismo. Cien años después, la crisis del acceso y la generación de información y el rechazo a la modernidad sigue presente, manteniendo un estado de inacción frente a los peligros inminentes del cambio climático.

Fuente: La Estrella de Panamá.

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