Panorama Social de América Latina: su evolución en la pandemia

En la publicación ‘Panorama social de América Latina’, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), se refleja el impacto social ocasionado por la pandemia sobre la vida humana, que alteró los patrones sociales en que nos relacionábamos, lo que además generó crisis en las economías y cambios profundos en el desarrollo de las sociedades.

El 30 de enero de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la enfermedad de covid-19 era una emergencia de salud pública de importancia internacional, dándose el primer caso oficial en la región latinoamericana en Brasil el 25 de febrero de 2020.

La covid-19 se propagó en todos los continentes a escala comunitaria y el 11 de marzo la OMS decidió declarar el brote como pandemia, considerándose en América Latina y el Caribe una de las regiones del mundo más afectadas por ella, tanto en número de casos como en número de muertes.

Las estadísticas mostraron que en la región vivía solo el 8,4% de la población mundial, y que esta representaba en diciembre de ese año la concentración del 18,6% de los contagios acumulados y del 27,8% de las muertes causadas por la enfermedad.

Debido a la pandemia, los países de América Latina y el Caribe (LAC, por sus siglas en inglés) han enfrentado desafíos para controlar la pandemia, tanto en sus economías como en los roles sociales debido a los problemas estructurales de la región, como los elevados niveles de desigualdad, la informalidad laboral, la desprotección social, la pobreza y la vulnerabilidad.

Las consecuencias para América Latina y el Caribe

LAC se caracteriza, entre otros puntos, por contar con sistemas de salud y protección social débiles y fragmentados, localizados en asentamientos urbanos marginados con expansiones carentes de acceso a servicios básicos; condición que es exacerbada por los grandes flujos migratorios y desplazamientos de población, así como conflictos debidos al narcotráfico, guerras internas, carencia de tenencia de tierras por parte de personas en situación de pobreza, lo que aumenta la vulnerabilidad de las poblaciones por el impacto de la crisis climática.

Con un tejido social marcado por la desigualdad social, con ejes estructurales que dependen de la condición socioeconómica, el género, la etapa del ciclo de vida, la condición étnico-racial, el territorio, la situación de discapacidad y el estatus migratorio, los escenarios de exclusión y discriminación múltiple y simultánea provocaron una mayor vulnerabilidad de las poblaciones ante los efectos sanitarios, sociales y económicos de la covid-19.

Por ejemplo, los niños y jóvenes que, según las estadísticas del estudio de los casos durante la pandemia son dos de los grupos con menores casos, es el grupo que se espera tenga mayores afectaciones como víctimas de esta crisis por las consecuencias que tendrán en su educación a largo plazo. El tejido estructural de las desigualdades socioeconómicas generó que, durante el cierre temporal de los establecimientos de educación, la crisis económica y social generada por la pérdida de empleos en sus hogares dificultara el acceso a la tecnología, tanto en equipos como en conectividad, lo que ha mermado su aprendizaje, al compararlo con el acceso a la educación pre-pandemia.

Con la fragmentación de los ejes estructurales, que resquebrajaron aún más el tejido social, los efectos de la pandemia sobre las condiciones de vida de la población aumentaron la cantidad de personas en situación de pobreza y pobreza extrema, al igual que propiciaron la ralentización de los índices de disminución de la desigualdad observados en el quinquenio previo a la pandemia.

Uno de los datos clave de este documento de la Cepal es que, en América Latina el porcentaje de pobreza extrema aumentó del 7,8% al 11,3% de la población, y la pobreza, del 27,8% al 30,5%.

En consecuencia, el coeficiente de Gini se ralentizó, de un promedio del 1,1% anual en el período 2002-2014 a uno del 0,5% anual en el período 2014-2019.

En cuanto a los países del Caribe, el documento señala que, “antes de la llegada de la pandemia, estos países presentaban un alto nivel de endeudamiento público debido a su necesidad de financiamiento para recuperar y reconstruir su estructura productiva frente a los recurrentes desastres climáticos, lo que limita su capacidad fiscal de respuesta a la pandemia”.

Por lo que los impactos generados por la pandemia en el sector del turismo, en el empleo, los ingresos de los hogares y los ingresos gubernamentales son mayores en el Caribe, porque el sector emplea aproximadamente a 2,4 millones de personas, lo que representa el 15,5% del PIB.

Inclusive, la dependencia de los países caribeños vinculada a la importación de alimentos y otros bienes aumenta el riesgo de su cadena de suministro.

Hallazgos principales del panorama social en LAC

La Cepal considera que, con respecto a la pobreza y la desigualdad, el mercado de trabajo, la protección social, el gasto social, la economía del cuidado y el malestar social, los hallazgos principales a los que se han visto expuestos los gobiernos latinoamericanos y sus ciudadanos están asociados a:

• Factores de riesgo: urbanización y metropolización (expansión demográfica, espacial y funcional de las ciudades, especialmente para aquellas megaciudades cuyas actividades alcanzan alta complejidad), hacinamiento y déficit de acceso a servicios básicos.

• La debilidad de los sistemas sanitarios y los múltiples efectos sobre la salud de la población.

• Cierre de centros educativos, educación a distancia y brecha digital.

• Aumento de la pobreza y la desigualdad.

• Deterioro de los indicadores laborales.

• Brechas y respuestas de protección social.

• Aumento del gasto público social y gasto de emergencia.

• La economía del cuidado como sector estratégico de una reactivación con igualdad.

• El malestar social en sociedades altamente desiguales.

• Escenarios y recomendaciones de política social para una recuperación transformadora con igualdad y sostenibilidad.

¿Cómo abordar los retos de LAC para 2022?

La Cepal considera que “la pandemia ha sacudido el statu quo y la actual crisis puede mirarse como una “coyuntura crítica”, es decir, un momento excepcional que redefine lo que es posible, incluso lo que es pensable”.

Esto ha abierto ventanas de oportunidad política para cambios sociales, económicos y políticos, porque ante presiones, pérdidas o riesgos extremos, la mayoría de los actores se tornan más dispuestos que antes a cambiar el statu quo.

Según el análisis de la Cepal, previo a la pandemia, el ingreso básico universal era un instrumento de política controvertido y experimental; ahora, su factibilidad, alcance y función dentro de los sistemas de protección social forman parte de las discusiones para proteger a las poblaciones más vulnerables.

Ante este nuevo escenario que busca que todas las personas tenga acceso a un nivel básico de bienestar y de ingreso, independientemente de su situación y característica individuales, la Cepal promueve que los gobiernos se enfoquen en acciones que permitan un nuevo pacto social en tiempos de pandemia, que el Estado procure el bienestar y protección social universal, que se logre cerrar la brecha contra la discriminación con un enfoque de derechos humanos y que se apoyen en la economía del cuidado como factor de reactivación.

La autora es investigadora científica en recursos hídricos e ingeniera civil. También es doctora en ingeniería agrícola con mención en recursos hídricos en la agricultura (Chile).

Fuente: La Estrella de Panamá.

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