Centroamérica busca resistir al embate de la crisis del COVID-19

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Centroamérica. En estos meses, el comercio intracentroamericano ha mostrado que funciona, y eso ha posibilitado el abastecimiento. La economía mundial se desploma, incluida la latinoamericana.

La centroamericana no es una excepción, pero la cifra no es tan elevada como la de nuestros vecinos del Sur. La razón podría venir dada por esa articulación regional, tan denostada, pero que parece puede hacernos resistir mejor que a Sudamérica.

‘Resistiré’ es la canción con la que los españoles (uno de los países más castigados por la pandemia) han salido a los balcones para insuflarse ánimos, día tras día. Y resistir es lo que tiene que tratar de hacer la economía centroamericana para salir de esta crisis.

Los números son bruscos. La pandemia sanitaria y económica de COVID-19 está fuera de toda duda. El conjunto de la economía de América Latina va a retroceder un -4,6 % de su Producto Interno Bruto (PIB), según proyecciones de abril del Banco Mundial.

Pero esas cifras son menores, en general, en la región centroamericana (van del -1,8 % de Guatemala, al -4,3 % de Nicaragua y El Salvador, pasando por el -2 % de Panamá, -2,3 % de Honduras, o -3,3 % de Costa Rica).

“Vamos a tener una menor afectación que los escenarios de México (-6 %), o Brasil (-5 %)”, explica Jaime García, investigador sénior del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLACDS) de Incae Business School; si bien “nuestra fortuna dependerá de cómo se desarrolle la economía de EE.UU. en los próximos meses”.

García incide en el fortalecimiento del mercado centroamericano, que representa del 25 % al 28 %: “lo que garantiza el flujo de mercancías, servicios, que no dependamos tanto del exterior”.

El experto apunta a que los organismos internacionales, en general, han subestimado la caída en las remesas (de enorme importancia para el Triángulo Norte y Nicaragua), y los efectos del frenazo en el turismo, que afectan de manera muy profunda a Costa Rica y Panamá.

Mientras, el último estudio de la Secretaría de Integración Centroamericana (SIECA) apunta un decrecimiento de -6,9 %, y de -1,4 % en 2021.

Las proyecciones del Banco Mundial, y de otros organismos internacionales, son de un fuerte crecimiento de la economía en 2021.

Dejando por fuera el efecto de Nicaragua, en crisis social y económica desde 2018, la previsión de crecimiento de la región para el próximo año estaría en el 4%. Seynabou Sakho, directora del Banco Mundial para Centroamérica, cree que esa salida servirá para impulsar algunos sectores, “y para aprovechar más esta relación con los EE.UU.

Lo que no sabemos es cuánto tiempo le va a tomar salir a algunos sectores como turismo, cuanto tiempo tomará que la gente vuelva a viajar de nuevo. En eso hay incertidumbre, pero para otros sectores estamos previendo una retomada de la actividad”.

Sakho apunta a la posibilidad de aprender la lección, continuar con reformas estructurales, “para aumentar la eficiencia del sector público, incrementar la competitividad, el nivel de acción de la región. Ya tenemos toda una parte de comercio avanzada con las exportaciones.

Ahora hay que ver cómo aprovechar todo eso, que va a ayudar a impulsar este repunte el próximo año”.

SALUD Y ECONOMÍA

“En el inicio (de la pandemia), todo el mundo pensaba solo en la parte de salud, y después había que pensar también en la parte de protección social, en la seguridad alimentaria”, explica la directora del Banco Mundial para Centroamérica. La fuerte ligazón de la región a la economía de EE. UU. genera mucha incertidumbre: “Nadie estaba preparado, pero es la realidad, hay que enfrentarla, y los países han mostrado mucha decisión en establecer medidas para contener, al menos, la parte de salud”.

El impacto va a ser muy fuerte, nadie quiere poner paños calientes. Las proyecciones del Banco Mundial, todavía muy preliminares, estiman que la pobreza en una región que ya tiene un 37 % de pobres, va a crecer hasta cuatro puntos.

La caída en los ingresos por la pérdida de empleos va a afectar de manera especial a los más vulnerables; y la merma en las remesas afectará no solo al sector de menores ingresos, sino también a las clases medias de la región, debido a su efecto en el consumo.

El rol del sector público para poder contestar a la crisis va a ser fundamental, “y tal vez enfocar su acción en los más vulnerables, que van a caer con este shock en la pobreza”.

“Es preocupante que la crisis de salud ya se transformó en crisis de empleo, porque no hemos sido buenos para generar empleo, ni crecimiento económico”, explica el investigador del CLACDS. Las tasas de empleo se han estancado; la productividad laboral, con excepción de Panamá (que creció un 100 % entre 2000 y 2018) y Costa Rica (subida del 50 %) también se muestran inmóviles. Estos años, Centroamérica ha crecido incorporando más insumos productivos, pero no somos más eficientes al momento de producir”, comenta García.

En números, la productividad laboral de Costa Rica, con US$19,9 por hora, es la mejor en la región, pero es la última si la comparamos con los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Chile es el país más cercano, US$21,1 por hora, y el líder, Irlanda, tiene una productividad / hora de US$104.

Por eso, la capacidad de generar empleos en una crisis superior a la de Gran Recesión, “con una tasa de desempleo tal vez dos dígitos, es preocupante. Además, la tasa de informalidad ha crecido mucho. Esta crisis de empleo es de una magnitud enorme y me preocupan más los sistemas económicos y la competitividad que los de salud”, apunta el experto de Incae, para quien, en líneas generales, las autoridades de salud han hecho un buen trabajo, pero ya es el momento de buscar la salida en lo económico: “Ahora toca pensar en la curva del desempleo”, pensando en políticas más productivas, cuidando la salud. Probablemente el martillo y la danza, hay que aprender a bailar con el virus”.

Centroamérica afronta además esta crisis con, por lo general, sistemas de protección social no tan desarrollados. “En el Banco Mundial, por muchos años, hemos trabajado en todos los países de Centroamérica en sus programas para expandir a nivel rural, a nivel urbano, pero todavía hay mucho que hacer, y claramente hay que tomar la oportunidad de esta crisis para poder ampliar un poco el tejido social, y lo que se está haciendo en términos de transferencia”, apunta Sakho.

Todavía hay mucho que hacer en términos de enfocar estas transferencias, y asegurarse que los más pobres las reciben”, dice la directora del Banco Mundial para la región.

El problema es que no sabemos si va a crecer esta ayuda por mucho tiempo. ¿Qué debe hacerse de manera más sostenible? Proteger a la gente, al trabajador, pero después al trabajo. Ir también a la parte más productiva, y asegurarse que la gente va a tener empleo, que esos empleos van a poder darle una manera de sostener su vida. Los países se han volcado en transferencias inmediatas de dinero hacia quienes han perdido su empleo, y lo más desfavorecidos en general, para dar un alivio inmediato a quienes peor lo están pasando, así como algunos mecanismos fiscales y laborales a las empresas.

Hay que pasar de pensar en el corto plazo, a la parte más del mediano plazo. “Eso se puede hacer más fácilmente en el sector formal”, incide Sakho, pero nuestra región tiene una alta informalidad. La pregunta es ¿Cómo llegar a las pequeñas empresas informales, que no necesariamente están pagando impuestos, a las que no les va a llegar ese alivio fiscal del que si se beneficiarán las formales?

Sakho cree que esta es una oportunidad en términos también de subsidios, y de replantearse cómo usarlos para que sean más eficientes y más enfocados con los más vulnerables, en una región como la nuestra que importa petróleo: “Tenemos precios muy bajos ahora, es el momento de analizar la parte del subsidio, porque lo que no se da en términos de protección social, se está dando en subsidios”, propone.

“Hay que repensar todo eso. ¿Cómo se entregan estos subsidios, cómo se brindan estos mecanismos de protección social? Utilizar, por ejemplo, más mecanismos digitales, aprovechar esta crisis para aumentar el nivel de transparencia. En términos de políticas fiscales, lo que estamos pensando es que es una oportunidad de reducir los gastos”, tras la fase de expansión necesaria para afrontar esta crisis de manera inmediata”, apunta.

Y es que la parte fiscal, ya golpeada en muchos de nuestros países, lo va a ser todavía más. En los países más endeudados, Sakho apunta a la necesidad de “actuar para atender los gastos de salud, los gastos sociales, para asegurarse que las empresas, el sector financiero, pueden seguir funcionando; y también que la producción de servicios básicos se está manteniendo; pero, al mismo tiempo, sin hacerlo de tal manera que después tengamos un aumento de los gastos corrientes que no se va a poder contener… El cómo se hace es también muy importante”.

El Banco Mundial considera que es el momento de priorizar los gastos. Asegurarse que están muy bien enfocados para poder atender a la emergencia del momento, y de que se va a poder salir adelante con ellos: no acumular una deuda que pueda quedarse por mucho tiempo, “no queremos salir de una crisis para entrar en otra”.

La crisis ha mostrado, de manera muy evidente, que por muchos años la inversión en los sistemas de salud ha sido muy débil.

“Y eso se puede entender en una situación donde el espacio fiscal es muy restringido”, asevera la directora del Banco Mundial para Centroamérica, para quien no solo ha ocurrido en materia de salud, sino que se ha dado en toda la parte de inversión en infraestructura, “porque cada vez que hay que cortar algo, es lo más fácil. Ahora estamos pagando un poco por esto, y hay que aplicar las lecciones aprendidas”. La debilidad en infraestructura de telecomunicaciones y educación puede ensombrecer la salida de la crisis. Ya hemos visto la importancia del teletrabajo durante estas semanas. Redes y profesionales educados son fundamentales para una economía moderna.

De cara al futuro “habrá que hacer mucho más en términos, por ejemplo, de servicios básicos, pero lo segundo es que hay que hacer las cosas de manera diferente, porque son tiempos diferentes”. Sakho se muestra ptimista de cara al futuro: “Siempre pienso que una crisis es una oportunidad”.

Para la funcionaria del BM, nuestros países han hecho más bien poco en el área digital, “eso es algo que hay que aprovechar. Hay redes de fibra óptica existentes ¿Qué hay que hacer con eso? ¿Cómo evolucionar en lo digital? El uso de la tecnología, la penetración de Internet, las reformas 4G… Todas estas cosas que eran algo por hacer, ahora hay una urgencia de repensar todo eso”.

Es la hora de aprovechar la salida de la crisis como una oportunidad de repensar cómo aumentar la productividad, para lo que se hace necesaria una agenda de reformas estructurales. “Los gobiernos tienen esas tareas que son duales, atender a la urgencia ahora, pero también pensar los cambios necesarios para salir de manera más sostenible y saludable en términos de sus economías”, concluye Seynabou Sakho.

Fuente: E&N.


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