Analizan en Cuba trabajo por cuenta propia y empresariado mercantil

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Cuba. Los trabajadores por cuenta propia y el empresario mercantil en Cuba no son dos caras de una misma moneda, aseguró hoy en esta capital la profesora de la Universidad de La Habana Natasha Mesa.

Es necesario dotar a ambas figuras de una regulación jurídica que le brinde protección desde cada una de las ramas del derecho que debe normar su estatus legal, subrayó Mesa al intervenir en el XIII Encuentro Internacional de Abogados Laboralistas y del Movimiento Sindical.

Las personas naturales en Cuba pueden constituir emprendimientos como pequeños negocios y empresas privadas, medianas y pequeñas), recordó Mesa en la jornada final de la cita, que se celebró en el Palacio de las Convenciones.

Puntualizó que es un reto el rediseño de los actores económicos que integran el sistema empresarial, pues se hace necesaria una regulación para los trabajadores por cuenta propia y otra dirigida a los empresarios mercantiles con capital privado.

Algunas actividades que en el contexto cubano actual pudieran identificarse o tipificarse como trabajador por cuenta propia, son el amolador, limpiabotas, cristalero, cerrajero, joyero, relojero, entre otros, dijo la profesora.

Ellos trabajan por sí y para sí, y son los sujetos los que merecen en nuestra opinión ser reconocidos con esa condición, en consecuencia hay otorgarles desde el derecho laboral el tratamiento y la protección que merecen, argumentó Mesa.

Ahora actúan en el contexto cubano -recalcó la profesora universitaria- tres sujetos que identificados como trabajadores por cuenta propia, pero poseen características diferentes y por tanto obligan a ser tratados de manera diversas.

‘Va siendo necesaria la reconfiguración del término de trabajador por cuenta propia en tanto el mismo se ha tornado insuficiente para identificar un número considerable de actores que operan en Cuba’, indicó la especialista.

Hay quienes realizan una verdadera actividad de empresa, donde confluye el trabajo, entiéndase los recursos humanos para producir bienes y prestar servicios, capital que equivale a dinero y todo lo que se adquiere mediante este, maquinarias, equipos, herramientas y la organización, traducida en administración de una entidad.

Estos que asumen el rol de empleadores deben ser considerados empresarios mercantiles y por consiguiente ofrecerle el tratamiento que merece, añadió la profesora universitaria.

Alertó que es vital replantearse algunas cuestiones en torno a la figura de las cooperativas, pues a veces se tergiversa su esencia, porque tras ella, se esconden sociedades mercantiles encubiertas, que ante la imposibilidad de tener mecanismos para asociarse recurren a este esquema.

Es un reto para los juristas -señaló Mesa- la reforma del código de comercio cubano, que data desde 1886, para que pueda responder a la realidad imperante en la isla caribeña.

Fuente: PL.


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