
Varios países de América Latina han alcanzado la calificación crediticia en el grado de inversión en los últimos años. De los países de Centroamérica, únicamente Panamá y Costa Rica forman parte de este grupo de países que junto a Chile, México, Brasil, Perú, Colombia y Uruguay han obtenido el grado de inversión, que les permite abrir el mercado a un mayor número de inversiones e inversionistas. Mientras tanto, Guatemala posee calificaciones en grado especulativo, manteniéndose constante en los últimos años, de acuerdo a las evaluaciones de las calificadoras de riesgo más importantes.
El riesgo soberano refleja la capacidad de pago del total de deuda de un país y se asocia con la capacidad y predisposición de pago de dicha deuda. Es decir, indica a los posibles inversionistas si el país es confiable para invertir. Esto es importante porque los inversionistas, al momento de realizar sus elecciones de dónde y cómo invertir, buscan maximizar sus ganancias, pero además tienen en cuenta el riesgo.
Normalmente, el riesgo soberano es el síntoma de un problema económico cuyo efecto es la escasez de fondos en moneda extranjera para hacer frente al servicio de la deuda. En el caso de Guatemala, la calificación de riesgo soberano muestra las debilidades del país, que se resumen en una baja carga tributaria, los débiles indicadores sociales, la inestabilidad social y los altos niveles de violencia y delincuencia. Por otra parte, también señalan cierta estabilidad económica al registrar un bajo endeudamiento relativo, estabilidad macroeconómica, historial de cumplimiento de obligaciones y sólida trayectoria fiscal.
Para mejorar las calificaciones, el país tiene que enfrentar decididamente los problemas estructurales que posee. Principalmente los altos niveles de pobreza, la desigualdad social, altas tasas de crimen y violencia, débil infraestructura física y humana, todo lo cual limita el desarrollo económico y social y la competitividad del país. A esto se le suman algunas limitaciones adicionales, como el tamaño de la economía informal, los insuficientes flujos de inversión extranjera directa y las bajas tasas de ahorro, inversión y crédito bancario al sector privado.
Como ya se mencionó, las calificaciones de riesgo representan un aporte valioso desde el punto de vista del inversionista, el cual requiere de información para la toma de decisiones, ya que le permite conocer el riesgo de invertir en determinado país. Considerando siempre que una calificación baja requiere, necesariamente, de un mayor rendimiento, mientras que una mejor calificación (de grado de inversión) le da una mayor seguridad al inversionista, pero también una menor rentabilidad.
De allí que sea importante para Guatemala buscar cada vez más mejorar en sus calificaciones de deuda. Uno de los determinantes de la tasa de interés de los bonos soberanos es la calificación crediticia, ya que ésta puede ser utilizada como uno de los elementos en el proceso de toma de decisiones de inversión. Esto implica que cuanto mejor sea la calificación de riesgo, más barato resultará el financiamiento para inversiones, lo que implica mejores condiciones financieras para los países. Esto a su vez libera recursos para inversión, logrando en el largo plazo un incremento de la inversión y el empleo.
Fuente. Periódico Digital Centroamericano y del Caribe